BIM no resuelve un proyecto mal coordinado
Un conducto puede estar perfectamente modelado en BIM (Building Information Modeling, o modelado de información de la construcción) y, aun así, pasar por donde no debe.
Parece contradictorio, sobre todo cuando se habla tanto de BIM como herramienta de coordinación de proyectos. El modelo permite integrar disciplinas, visualizar las instalaciones y detectar interferencias antes de que lleguen a la obra.
Pero detectar una interferencia cuando ya se está ejecutando la obra no la resuelve. Es ahí donde empieza una parte del trabajo que ningún software puede hacer por sí solo: entender el problema y decidir qué hay que modificar.
El conflicto casi nunca empieza en el modelo
En muchos casos, cuando se detecta una interferencia en obra, el problema lleva tiempo gestándose en el propio proyecto.
Arquitectura ha definido una solución. Estructuras ha desarrollado otra. Las instalaciones necesitan ocupar ese mismo espacio. Cada disciplina puede ser correcta si se analiza por separado y, aun así, las tres soluciones pueden resultar incompatibles entre sí. Es precisamente en las interfaces entre disciplinas donde surgen muchos de los problemas de coordinación, como muestra la literatura sobre coordinación de proyectos basada en BIM. (Fuente: Mehrbod et al., «BIM-based building design coordination: processes, bottlenecks, and considerations», Canadian Journal of Civil Engineering.)
Una tubería atraviesa la zona de una viga. El equipo previsto no dispone del espacio necesario para su mantenimiento. El patinillo no tiene capacidad para alojar todas las instalaciones. No se ha previsto en la estructura un hueco necesario para el paso de las redes.
BIM ayuda a detectar estas situaciones antes de la ejecución. Pero detectarlas es solo el principio.

El modelo detecta la interferencia. El equipo de coordinación debe tomar la decisión.
Este aspecto suele pasar desapercibido cuando se habla de coordinación BIM.
El software puede señalar que dos elementos ocupan el mismo espacio. Pero no puede decidir por sí solo cuál de ellos debe modificarse.
Si hay que desviar una tubería, ¿existe espacio suficiente para hacerlo? ¿El nuevo trazado interfiere con otra disciplina? Si es necesario abrir un hueco en un elemento estructural, ¿se ha analizado adecuadamente esa solución? Si se cambia de posición un equipo, ¿se mantienen los accesos necesarios para su instalación, funcionamiento y mantenimiento?
Son decisiones de proyecto y algunas requieren retroceder una fase, consultar con otra disciplina y revisar una solución que ya parecía definida.
Es este proceso de análisis, toma de decisiones y revisión el que convierte modelos independientes en un proyecto realmente coordinado.

BIM es una herramienta de coordinación, no un sustituto de la coordinación
La ventaja está precisamente en poder detectar estas situaciones antes de que se conviertan en problemas durante la ejecución.
Para conseguirlo, los modelos deben estar actualizados, las distintas disciplinas deben trabajar con información compatible y las interferencias detectadas deben dar lugar a decisiones claras. Alguien tiene que analizar cada incidencia, debatirla con los equipos implicados, definir la solución y garantizar que se incorpore a la documentación del proyecto.
Sin este proceso, disponer de un modelo tridimensional no significa tener un proyecto bien coordinado.
En definitiva, el objetivo de BIM no debería ser simplemente llegar a una pantalla en la que el software no detecte interferencias. Lo que realmente importa para la obra es llegar a la ejecución con las interfaces resueltas, las decisiones tomadas y un proyecto que pueda ejecutarse sin depender de la obra para descubrir lo que faltó por coordinar.




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