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La inspección detectó el defecto. Pero ¿en qué punto debería haberse evitado?

Foto del escritor: PEDRO AUGUSTO ARCANJO COSTA NUNES
PEDRO AUGUSTO ARCANJO COSTA NUNES
23 oct
4 min de lectura

Detectar un defecto durante una inspección es importante. Es el momento en el que se puede identificar un problema antes de que pase a la siguiente fase, corregirlo y, en algunos casos, evitar consecuencias más graves para la obra.


Pero la inspección y la corrección de lo detectado no deberían ser el punto final del análisis. Cuando aparece una no conformidad, también es necesario entender cómo ha llegado hasta ese momento sin que se detectara antes.


Una dimensión era incorrecta, un material no cumplía los requisitos especificados, un montaje se ejecutó de forma diferente a la prevista en el proyecto o una fase avanzó sin comprobar una condición necesaria. La inspección detectó el problema, pero su causa puede encontrarse varias etapas atrás.



El defecto aparece en un punto. La causa puede estar en otro.


Una no conformidad suele detectarse cuando alguien puede comparar lo ejecutado con lo que debería haberse hecho. Es entonces cuando se hace visible la diferencia.

Pero esa diferencia puede haberse originado mucho antes.


Es posible que una información no haya llegado al equipo de ejecución. Que se haya utilizado un plano sin comprobar si correspondía a la última revisión. Que no se hayan verificado las condiciones de la zona de trabajo antes de iniciar los trabajos. Que se haya recibido un material sin realizar las comprobaciones necesarias. O que una actividad haya avanzado sin la conformidad previa de la fase anterior.


Cuando una inspección detecta un error, todas estas posibilidades deben formar parte del análisis.


Corregir lo que se ha detectado es lo mínimo necesario. Entender por qué ha ocurrido es otra parte del trabajo.


No todas las inspecciones pueden evitar un defecto


Existe una diferencia importante entre detectar un defecto y evitar que se produzca.

La inspección suele realizarse después de finalizar una actividad o en un punto de control definido dentro del proceso. Su objetivo es comprobar si los trabajos ejecutados cumplen los criterios establecidos.


Sin embargo, algunos defectos podrían haberse evitado antes mediante una revisión del proyecto, una comprobación de los materiales, la definición del procedimiento de ejecución, la verificación de las condiciones de trabajo o una inspección intermedia.

Un ejemplo sencillo: un montaje llega a la inspección final y presenta una condición que no se ajusta a lo previsto.


El equipo debe corregir lo detectado, evidentemente.


Pero el análisis no debería terminar con esa corrección.


Es necesario comprobar si la información del proyecto no llegó al equipo de ejecución, si se siguió el procedimiento adecuado, si los materiales se verificaron antes del montaje o si existía algún punto de control anterior en el que se podría haber detectado esa condición.

El defecto apareció durante la inspección.


Pero la oportunidad de evitarlo pudo surgir mucho antes.


Un ejemplo práctico


Durante los trabajos previos al hormigonado, la inspección de la armadura detectó que algunas barras estaban colocadas en una posición diferente a la indicada en el proyecto, lo que alteraba el recubrimiento de hormigón previsto. El equipo corrigió la armadura antes del hormigonado, evitando que el problema pasara a la siguiente fase.




Pero el análisis no debería haber terminado con la corrección de las barras.


Era necesario entender por qué esa situación había llegado hasta la inspección sin detectarse antes. ¿Se había revisado el proyecto? ¿El equipo estaba trabajando con la última revisión de los planos? ¿El detalle de la armadura estaba suficientemente claro? ¿Se había comprobado la armadura antes de solicitar la inspección para autorizar el hormigonado?


En este caso, la inspección cumplió su función al detectar el defecto, pero el análisis de la incidencia debía ir más allá. Si esa misma situación pudiera repetirse en el siguiente frente de trabajo, corregir aquella armadura resolvería únicamente el problema puntual.


Identificar en qué fase debería haberse detectado el defecto es lo que permite evitar que vuelva a ocurrir.


Un defecto recurrente indica que algún control no está funcionando


Una incidencia aislada puede tener distintas causas. Pero cuando el mismo tipo de problema empieza a aparecer en diferentes actividades, equipos o fases de la obra, el análisis debe dejar de centrarse únicamente en el resultado.


Es necesario revisar la secuencia de hechos que ha llevado hasta él.


Una inspección final puede mostrar que algo se ha ejecutado incorrectamente. Una inspección intermedia puede detectar el problema antes de que avance. Una comprobación previa puede evitar que llegue a producirse.


Cuanto antes se detecta una condición inadecuada, menor suele ser el volumen de trabajo que hay que corregir después.


Por eso, el objetivo no es simplemente aumentar el número de inspecciones, sino entender en qué puntos del proceso una comprobación puede evitar realmente que el error avance.


La inspección también debe aportar aprendizaje


Una buena inspección no sirve únicamente para determinar si una actividad cumple los requisitos establecidos. También puede mostrar dónde es necesario mejorar el proceso, tanto en las tareas de inspección como en la propia ejecución de los trabajos.


Cuando se detecta un defecto, la pregunta no debería ser solo «¿cómo lo vamos a corregir?». También hay que preguntarse qué ocurrió antes, qué información estaba disponible, qué comprobaciones se realizaron, qué criterios deberían haberse aplicado y en qué momento podría haberse detectado esa condición.


Este análisis permite que una corrección puntual se convierta en una oportunidad de aprendizaje para las siguientes fases de la obra.


Corregir el defecto es necesario, pero entender por qué el proceso no consiguió evitarlo es lo que reduce la probabilidad de volver a encontrar el mismo problema.

 
 
 

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